9 de julio de 2016

Cap. 1: Las condiciones objetivas

¿Me lo puedo llevar?, dijo en voz baja al médico que revisaba el vendaje. ¿Perdón? ¿Cómo dice? El galeno lo observó con desconfianza. Usted sabe… ¿si me lo puedo llevar?, dijo el hombre señalándose con el mentón el muñón en el que alguna vez estuvo su brazo izquierdo. ¡Pero señor, cómo se le ocurre que!… Era la petición más insólita que había escuchado. Pero es mi brazo, ¿no? Debería poder quedármelo, dijo el hombre, urgido y avergonzado al mismo tiempo. Señor, su brazo llegó pendiendo de una pequeña porción de músculo y con los huesos casi triturados por completo. ¡Ni siquiera parecía un brazo! Además El hombre lo interrumpió con un ademán de su mano derecha: Ajá, pero había carne, ¿no? El doctor retrocedió un poco y por breves segundos detalló el aspecto famélico del hombre. Sintió arcadas que intentaron obligarlo al vómito. Volvió a acercarse y casi pegó su rostro al del paciente. Usted no estará pensando en… ¡ay, Dios! Iba a decir algo más pero salió corriendo de allí, huyendo del horror.