Acacias

04 abril 2011

Cuando era niño supuse que el viento era mentira. Observaba la danza de los árboles y me decía: ¡Nah!, qué viento ni qué nada. Es Dios jugando en las copas, aburrido a esta hora de la tarde. Y subía, acompañado de algún libro - recuerdo especialmente De la tierra a la luna - a leer en las acacias que rodeaban mi casa. Era un niño feliz. Era un niño.

Verne, DeFoe, Homero, García Márquez, Borges, Carrol, Quiroga. Nada bueno saldría de aquello. Después fue aquella historia en que pregunto... y ya se sabe qué sucede cuando preguntas.

Y un día, las acacias no fueron más que árboles mecidos por vientos cálidos y caprichosos. Árboles que esperaban por el niño que ya no era.

3 comentarios!:

Yami dijo...

Fuga en Lila

Había que escribir sin para qué,
sin para quién.
El cuerpo se acuerda de un amor como encender la lámpara.
El silencio es tentación y promesa.
Alejandra Pizarnik (El infierno musical, Argentina,1971)
pd: coincidieron tres cosas, mi enfermedad, este texto y tu escrito)

Manuel Viso dijo...

Son demasiadas cosas coincidiendo. Lo digo, claro, por tu enfermedad.

Espero que mejores pronto y que coincidamos con un café.

Un abrazo

Manuel Viso dijo...

Por cierto: qué pasó con La Silla del Verbo?

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